OPINA EN PUEBLO DIGNO

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La mirada puesta en el horizonte y el cuerpo sobre la tierra. imagen propiedad del blog

viernes, 16 de septiembre de 2016

PENSAMIENTOS SOBRE LO QUE APRENDO COMO EDUCADOR

Difícil tarea se nos concedió, aquella de educar en un mundo tan caóticamente conectado, que agoniza del dolor no solo de su daño si no el de sus habitantes. Educar en un contexto sociocultural tan diverso como el colombiano, es tarea de valientes en el campo y de pacientes en las urbes, el sistema oprime al docente en el sector privado hasta el punto de convertirlo en un obrero del proletariado que cumple la misma función que un UMPA LUMPA, un trabajador casi esclavo que debe bailar y aplaudir al ritmo de los otros sin derecho, ni amparo alguno, de lograr expresar su protesta más allá de un susurro a gritos que exige cambio, que exige dignidad, que clama a gritos libertad.

¿Qué tan sesgada esta la educación formal en Colombia? ¿Qué tan herrada o acertada puede estar?, realmente la pregunta es colosal, pero refiriéndome exclusivamente al ámbito del sector privado puedo decir que el cumulo de nubes aristocráticas, valores deformados e ideales funestos, está dando como resultado el caótico ámbito escolar que se observa en el interior de las instituciones educativas, la seguridad de aquello que funcionó se desvaneció y como consecuencia nos presenta la incertidumbre como el “pan de cada día” pues simplemente se espera la sorpresa del nuevo día, pero no la alegría del mismo. 

La educación nunca volverá a ser la misma, en este contexto, se observa principalmente como la irreverencia y el irrespeto acompañan al docente día a día, la línea de autoridad se ha desdibujado y se deja abierta para la interpretación, donde cada sujeto debe exigirla  a “sangre y fuego”. Sin embargo los individuos no son entes iguales y la personalidad de cada uno juega un papel determinante en la obra y ejercicio de la profesión; es decir, que la “libre” interpretación  de la autoridad choca con el principio de la misma en cada persona y debido a las múltiples ideas que se forman, la educación en las instituciones privadas se enfrenta en una batalla a muerte; entre el sentir del privilegio que experimentan los aportadores de capital versus el sentido del deber, la responsabilidad, y el cumplimiento de las tareas asignadas al educador, que se entremezclan con una fuerte sensación de frustración e impotencia que se intensifica con la opresión producto de las políticas educativas neoliberales, que contemplan y apuntalan todos sus esfuerzos a la contribución del mercado.

El mercado como campo de “libre inversión” es el paraíso de las ideas de un mundo “completamente” globalizado, bueno esa es la idea promulgada en esta era de tecnología desbordante, y deshumanización abrumadora, donde las mejoras y facilidades para la vida (en términos de la abundante oferta de productos para cualquier cantidad de necesidades reales o creadas) son cada vez una cuestión de cuotas, más que del propio capital.

Comprendo que el gremio docente es complicado, voluble y de alguna forma individualista, se aísla de sus  colegas, creo que es porque el tiempo y la manera en que se dinamizan las instituciones educativas privadas ha instaurado al igual que en todo lo que confiere al sector privado una mezquina intención de convertir al ciudadano y al profesional en individuos aislados, envidiosos e indiferentes; esta última palabra parece marcar el concepto de nacionalidad en Colombia durante toda su existencia.

Que puedo decir si en estos últimos 5 años he vivido una transformación conceptual sin precedente alguno,  enseñar permite aprender de una manera exponencial, permite conocer el error y el acierto, permite conocer fortalezas y debilidades que no deben ser registradas en un papel para mostrar sino interiorizadas para transformar; pues cuando se recalca el error, cuando el objetivo se convierte en papel y sistema, cuando la opresión es el lenguaje, tarde o temprano se emancipa el deseo, se arma la revuelta y la tensión al igual que todas las leyes de la física tiene a buscar salida de manera violentan con una tremenda liberación de energía, que en el caso de los seres humanos se traduce en violencia y agresiones.

Son varias las ideas que rondan la mente del escritor en este momento, la pasión como la más innata  de las condiciones de cambio y  voluntad, lleva al educador a querer de alguna u otra forma transformar el mundo, hacerlo un lugar mejor como diría Nicola tesla, “el futuro que es por lo que yo lucho”.

La educación es algo tan pesado para quien la sufre, liviano para el simplista, aburrida para el indiferente y tortuosa para el “esclavo”*, sin embargo no deja de ser un acto completamente humano, que requiere las características esenciales de esta especie tan diversa y en determinada forma caótica; la variedad es necesaria en todas las esferas de la vida, por consiguiente en el acto educativo esta  consigna es un desgaste para la mente del educador, donde la línea del concepto de creatividad se desdibuja con el de exhibición, donde el objetivo del aprendizaje se limita a mostrar para y no por.
La opresión en la escuela tiene muchos nombres, algunos la llaman sistema, otros rector y en casos aislados pero frecuentes coordinador, la verdad es que la personalidad junto con la resistencia al cambio conforman las especias propias para el “sazón” que deja el sinsabor en el hambriento paladar del educador.

Cuando la tiranía es ley la revolución es orden” frase que se vuelve famosa con las letras del grupo calle 13, donde expresa tal vez uno de los instintos básicos de liberación del ser humano ante la opresión y que en este momento crítico del contexto Colombiano se convierte en consigna inconsciente en cada docente, cuando piensa en repetidos momentos que su profesión y esfuerzos no son valorados, significativos o trascendentales, pues la sociedad en general adopta esta vocación como cuestión de sacrificio más que de voluntad, valor y humanidad; por ende son considerados como lo decía Kant “parte del proletariado”, donde la estandarización permite encuadrar a la diversidad en “casillas” rejillas de observación y demás artilugios que de alguna u otra forma permitan la secuenciación de procesos, y el reemplazo de “piezas” en las fábricas del producto educativo EL ESTUDIANTE. Así pues los educadores se remiten nuevamente al concepto de UMPA LUMPA en “fábricas” privadas, donde las demandas del mercado escolar dictaran las prioridades educativas, desfavoreciendo de manera tremenda al educador, desvirtuándolo de todo atributo relevante para contribuir al mejoramiento de la ya dolida y maltratada COLOMBIA.

El despojo de los atributos socialmente preconcebidos al docente, frente al respeto, la puntualidad y las líneas de autoridad, ocasionan un desastre a nivel convivencial en las aulas, donde las nuevas generaciones aprovechan el oportunismo generado en todas las esferas de la rama legislativa en lo que refiere a la educación, es decir que los estudiantes al conocer que las normas los amparan y que desautorizan a los directamente responsables de ejercer la autoridad en las escuelas , deforman el sentido de responsabilidad y respeto, dejando abierta la puerta para el “caos tecnológico neoliberal” que surca nuestros días.

A pesar de Colombia ser un país con una economía emergente, la tentación del mercado ha llegado para instaurarse y colonizar el ser de la mayoría de los colombianos, pues a este pueblo le encanta gastar dinero que no tiene en cosas que no necesita, por tal razón se ve envuelto en una confusión entre el poder adquisitivo, las prioridades del hogar (a nivel económico y personal) y la ingente necesidad de tiempo que parece reducirse con el pasar de los años; es decir, que la mayoría del pueblo colombiano se debate sobre el comprar y tener versus el compartir con la familia, que al pasar de los días se ve más alejado, la coyuntura social que ocasiona el desarraigo de las costumbres ancestrales frente al manejo y distribución de las labores en el hogar, produce que las familias se disocien y por ende la educación de los hijos queda relegada a las instituciones educativas, es en este escenario que el acto de enseñanza educación encuentra en la mente del oportunista mercader, un nicho rentable de negocio; pues ve la necesidad de tiempo y espacio que necesitan los hambrientos trabajadores que gustosos compraran en el mercado cuanta marca nueva aparezca con tal de mostrar su “afecto” a sus amados hijos a través de objetos materiales con trascendencia casi nula en sus vidas, pero con efectos negativos de sus conductas para siempre. 

Así pues que la educación en la tierra de los olvidados Muiscas, Caribes, Calimas, Magdalenas, Quimbayas, san Agustín, Taironas, Tierradentro y Tumaco,  que acogieron a un viajero italiano de apellido Colon, y que con infortunio recibieron la perdida de la identidad cultural traída de España, fomentada por los ingleses, patrocinada por los franceses y pagada por los estados unidos, que bajo el estandarte de globalización generan un complicado sistema pensado solo en el estudiante, pero no para él, un sistema que busca la perpetuidad de la estandarización, un sistema que busca crear “libertades sesgadas”, “libertades convenientes”, “libertades de mercado”, pero no libertad de la educación, no libertad para el hombre, no libertad para la tolerancia, no libertad para el amor, no libertad para vivir. Por todo lo anterior y demás cosas que he de decir en un futuro considero que el acto educativo en los contextos institucionales  colombianos del sector privado constituyen una ofensa directa a la profesión docente, son muestras de los desequilibrios de la sociedad colombiana, son fábricas de estudiantes y no instituciones para el crecimiento positivo de la nacionalidad colombiana. Porque “en el momento que el capital se convirtió en prioridad, la educación dejo de ser para humanos”.


 ESCRITO POR: EDWIN JHONATAN VILLAMIZAR SUAREZ.
LIC. QUÍMICA. UNIVERSIDAD DISTRITAL FRANCISCO JOSÉ DE CALDAS
BOGOTA COLOMBIA 16-09-2016